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Escritor fantasma: ¿qué carajos es eso?

La demanda popular de novelas de acción de Tom Clancy excedía su habilidad para crear nuevos títulos. Como resultado, su editorial contrató a escritores fantasmas para escribir novelas con el estilo de Clancy.

Imagen licenciada bajo 
Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic.
Más detalles en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tom_Clancy_at_Burns_Library,_Boston_College.jpg

Un escritor fantasma —del inglés ghostwriter— o negro​ es un escritor profesional a quien se contrata para escribir por cuenta de o bajo el nombre de otra persona autobiografías, cuentos, artículos, novelas, o incluso discursos, en especial para políticos, actores o personas sin instrucción en este tipo de trabajos literarios, sin recibir oficialmente el crédito como autor de esas obras.

En todo caso recibe créditos como "colaborador". Es muy común que diversas celebridades los contraten para escribir la historia de su vida o para redactar artículos o contestar a entrevistas (sin que en realidad hayan sido entrevistados) en las revistas.


La expresión más habitual en español negro parece un calco semántico de de la francesa nègre littéraire, "negro literario".

Alejandro Dumas padre usó a varios negros para escribir sus más famosas novelas de aventuras, especialmente a Auguste Maquet. Edward Stratemeyer recurrió a los negros continuamente.

El valenciano Vicente Blasco Ibáñez fue durante un tiempo uno de los varios escritores fantasma que escribían obras firmadas por el famoso folletinista decimonónico Manuel Fernández y González.

El periodista español Carlos Luis Álvarez compuso hagiografías de mártires de la Guerra civil que firmaba fray Justo Pérez de Urbel.

La periodista española Ana Rosa Quintana contrató a una negra para que le escribiese el libro Sabor a hiel (Barcelona: Planeta, 2000) que firmó ella y tuvo que ser retirado por plagio.

Muchos hoy famosos escritores empezaron por trabajar de negros para otros: Paul Auster, José Luis Coll (de un famoso periodista) o Alejandro Sawa (de Rubén Darío).

A los editores y a algunos autores les resultan especialmente rentables, ya que permiten multiplicar la fecundidad y por tanto la producción de beneficios de una "marca" literaria.

¿Y tú ya conocías a los escritores fantasma?


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