Novela "Tacones y cañones."

Sinopsis.


Para Nicole Cremades y sus compañeros en la organización conocida como “Centurion Net Solutions”, la lucha en contra de los hackers que merodean su servidor central no tiene fin. Pero el peligro acaba de llegar a México de una manera que nunca imaginaron.

Ya saben quien realizó el primer ataque. Y están furiosos y sedientos de venganza. Mientras tanto, Julián Santillán, prominente empresario en el sector de seguridad informática, mantiene alianzas secretas a espaldas del gobierno mexicano. Sin embargo, su valor y sabiduría se necesitan con más urgencia que nunca.

Paralelamente, de cara a las elecciones presidenciales en Estados Unidos y en franca desventaja, la actual administración ha tomado medidas desesperadas para conseguir la reelección, echando mano de recursos de “bandera negra”.

Ahora, mientras se acerca un evento que cambiará radicalmente la forma de vida en la Ciudad de México desde los años de la Revolución Mexicana, Nicole debe utilizar los últimos recursos que le quedan: su inteligencia y perseverancia para hacer frente a lo que se avecina, pero tal vez no tenga siquiera la oportunidad de pelear una batalla antes que México sea devastado.

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Prólogo.


La reunión comienza según lo acordado, de la manera prevista y a la hora programada. Todas las medidas de precaución en éste importante enlace de telecomunicaciones se realizan de acuerdo a los deseos de los organizadores.

‒Caballeros, ¿se encuentran listos? –pregunta Harrison a través de la videoconferencia en inglés.
‒Sin problema –le responde el militar en el mismo idioma desde la oficina donde se encuentra.
‒De acuerdo. Se encuentran conmigo Alex Steelman y Peter Black, personas de mi entera confianza y además, estoy seguro que de sobra los conocen.
‒Sí, sabemos quiénes son.
‒Correcto –continúa Harrison‒. ¿Quién se encuentra con usted, general?
‒El nombre de mi socio en este momento no es relevante. Yo lo avalo no sólo como mi igual, sino como un excelente profesional y hombre de negocios de toda mi confianza. ¿Es eso suficiente para ustedes?
‒No me lo tome a mal general, pero sabe que no solo podemos; sino que debemos confirmar los antecedentes de su socio, ¿de acuerdo? –interviene Alex Steelman.
‒Caballeros, por favor –responde el aludido‒. Estoy seguro que ustedes pueden y harán las investigaciones que estimen necesarias; así como también estoy seguro que la información que encontrarán no hará más que confirmar porqué soy la “opción” que ustedes necesitan, ¿cierto general?
‒Es cierto –responde el militar.
‒De acuerdo –continúa Harrison‒. Dicho lo anterior, pasemos al grano de una buena vez. Como ustedes saben, dentro de pocos días comienzan las campañas para…
‒¡Políticos! –interrumpe el general‒. Todos ustedes son iguales, solo buscan su “hueso”.
‒General, como dijo mi jefe –interviene Steelman‒, las campañas electorales están por comenzar y estamos en franca desventaja con respecto al senador Bolden. Y es ahí donde ustedes entran a “escena”. Necesitamos darle un golpe mediático a Bolden del cual no pueda levantarse.
‒O hacer subir los “bonos” de James Harrison aquí presente –interviene Peter Black por primera vez en la charla‒. No es necesario hacer que caiga Bolden si podemos hacer que Jimmy se “dispare” hacia el estrellato.
‒¿Qué tienes en mente Peter? Nuestros socios del otro lado de la frontera desean tanto como nosotros, poder conocer tus ideas –tercia Steelman, perdiendo visiblemente los estribos‒. Ilumínanos.
–De acuerdo. En resumen, tiene que ser algo extraordinario que garantice la reelección con tan poco tiempo de antelación de cara a las próximas elecciones en noviembre. Los presentes estamos de acuerdo en que la victoria de su adversario político comprometerá de manera importante la continuidad de los proyectos de ésta administración, por lo que es menester asestar un “golpe” del cual no pueda recuperarse. En la carpeta que entregué antes de comenzar la conferencia, propongo algunas alternativas que ayudarán a continuar en el puesto durante los próximos cuatro años a James Harrison.
‒Aquí es donde comienzan los problemas –dice Alex Steelman, dirigiéndose a Harrison mientras abre la carpeta que mencionó Peter Black‒. Aquí dice, por ejemplo, más sanciones económicas en contra del régimen de Kim Jong-un… ¡Ay por favor! –explota‒. ¿”Más” sanciones en su contra? ¡Como si le importara! Además, sus vecinos, aunque públicamente lo nieguen, lo respaldan. O ésta otra: pronunciarnos en contra del programa nuclear de Corea del Norte. ¿Y eso qué? Ya lo hicimos en el pasado y nada cambió.

James Harrison le hace un ademán con la mano a Alex Steelman para que éste continúe, mientras el general y su socio se quedan viendo uno al otro con expresión de “¿Qué hacemos aquí? Creímos que haríamos negocios en lugar de presenciar una pelea de “gatas””.

‒En otros puntos se tratan también ideas domésticas con respecto a la economía, programas de seguridad social, medidas contra el desempleo… ¿reducción de impuestos? This is bullshit!
‒Si me lo permite –interviene Peter Black mirando a Harrison‒, quisiera compartirle también algunas otras opciones más heterodoxas, que debido a su naturaleza; no es apropiado poner en los folios que entregué. Deberíamos de terminar la videoconferencia y…
‒¡Y una chingada pinche gringo ojete! –apuntilla el militar‒. ¿Para qué madre nos invitaron a esta reunión si nos van a cortar la comunicación cuando las cosas comienzan a ponerse interesantes? ¡No mamen!
‒El general Cabrera tiene razón, Peter –interviene Harrison‒. ¡Habla de una vez, carajo!
‒De acuerdo. Necesitamos un proyecto de gran magnitud para encausarlo a la victoria. En este momento, nuestro enemigo obvio, Rusia, ya no lo es más. Necesitamos otro que, de preferencia, nos haya amenazado en repetidas ocasiones. Alguien como…
‒¿Corea del Norte?
‒Si, por ejemplo. No podemos enviar tropas directamente porque nos echamos encima no solo al Congreso, sino al país entero. Y más sin un acto que lo justifique. No. Nuestro movimiento ha de ser más… sutil.
–Continúa.
–Es exactamente a donde quiero llegar. Crearemos una operación de bandera negra que ataque clandestinamente a Norcorea.
–No voy a involucrar a la CIA para hacer lo que dices. Su director es íntimo del senador Bolden.
‒¿Y si le dijera, señor presidente, que podemos lanzar un ataque contra Corea del Norte sin utilizar al ejército o involucrar a la CIA? Ahí es donde entra en acción el general Cabrera y su socio.

Peter Black expone con lujo de detalles el plan que tiene en mente de la misma manera que un escolar se reúne con sus amigos para contarles la travesura que se le ocurrió. Con la diferencia que esta “travesura” será de enormes proporciones y consecuencias, y sin importar el resultado de las mismas, ya nada será igual.

‒General Cabrera, ¿puede usted y su socio hacer lo que expuso el señor Black? –pregunta Alex Steelman.
‒¿Bromean? ¡Claro que podemos, chinga!
‒¿Qué pasará si se entera su jefe, general? ¿No cree que se moleste por lo que ustedes están a punto de hacer a sus espaldas? –interviene Harrison.
‒El señor presidente no tiene porqué enterarse –tercia el socio del general‒. Éste negocio es nuestro y sólo nuestro. No le debemos un carajo a ese pendejo. Le hemos dado a ganar millones de dólares con otros negocios.
‒Es cierto –continúa el general Cabrera‒. Como sea, no les quitamos más su tiempo caballeros. Ya sabemos que hacer y sólo es menester concretar algunos detalles. Como de costumbre, Jimmy; es un placer hacer negocios contigo y con la Casa Blanca.
‒Caballeros.

La videoconferencia concluye y el general Cabrera se queda con su socio.

‒¿A quién vamos a utilizar para este trabajito? ¿A Liliana? Es la que más sabe de éste tema.
‒No. Liliana y yo no terminamos bien desde aquella reunión.
‒¡No chingues Julián! ¿Sigue enojada contigo?
‒Si. Como sea, mejor usemos a Nikki. Tiene prácticamente los mismos conocimientos técnicos y de programación que Liliana, y además; con ella me llevo de poca madre. Por la tajada correcta, nos ayudará gustosa. En ese sentido, no es tan remilgada como Liliana.
‒¿Estás seguro Julián? Estaremos en un gran hoyo de mierda si les quedamos mal a los gringos.
‒Te preocupas demasiado, Salvador. Todo saldrá bien. Además, siempre es bueno que el presidente de los Estados Unidos sea tu “socio” y te deba favores de éste tipo.

*****

1 Ciudad de México. El día que suceden los acontecimientos.


Dos semanas después.

‒Querido teleauditorio. Interrumpimos la programación habitual para reportarle este impactante suceso. En estos precisos momentos, mientras me dirijo a usted, hay personas siendo asesinadas en la Ciudad de México en éste preciso momento…

Nuestros analistas en seguridad no pueden más que hacer conjeturas…

¿Está Moscú haciendo con México lo mismo que hizo Japón con Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, cuando a traición, y sin declaración previa de guerra, atacó las costas de Pearl Harbor? ¿Qué afrenta hizo el pueblo de México al gigante rojo, tan grande e imperdonable, como para ser atacados de esta forma?

¡Regresamos en vivo con Gerardo Alcázar desde el helicóptero! Las escenas que estamos por mostrarle, querido auditorio, son muy impactantes, por lo que le pedimos retirar de la habitación a los menores de edad. ¡Gerardo, estás al aire!

*****

Está en su oficina, cómodamente instalado detrás de su gran y elegante escritorio, revisando y acomodando papeles y comunicados de diferente nivel crítico y prioridad. Suena el teléfono rojo. Solo un puñado de personas en el país saben de la existencia de ese número telefónico. Descuelga y espera a que la rutina de encriptación termine su proceso.

‒Diga… Tranquilo, que no te entiendo. Despacio… ¡Habla despacio carajo!.. Respira… Ajá… ¡¿Qué?!. ¡¿Cómo que estamos en guerra?! ¡¿Contra quién?!. ¡¿Cómo no sabes cabrón?!.

*****

Los titulares no pueden ser más alarmantes y ciertos:

Google News: “Terrorismo en Ciudad de México.”
Yahoo! Noticias: “México: atacado, invadido y masacrado.”
El Universal Online: “¿Por qué? ¿Quién? ¿Qué fue lo que hicimos?”
MVS Noticias: “Matanza en el centro comercial Perisur.”

Es noticia de ocho columnas en todos los servicios noticiosos online alrededor del mundo. Los hechos se esparcen como reguero de pólvora, con la misma volatilidad y explosividad. Después de confirmarlos, Pablo se deja caer en la silla frente de su computadora y cierra los ojos con actitud cancina y contrariada. Se siente mal consigo mismo por no haber previsto toda esta situación.

*****

Los miembros del Agrupamiento de Granaderos de la Policía Metropolitana caen en cumplimiento de su deber. En cuestión de minutos, casi la totalidad de ellos falleció.
El rugir del traqueteo metálico y la sonoridad de las explosiones de los disparos, aunados a la relativa “calma” de la zona, consiguen acentuar el caos y el drama de la batalla armada, ya que sólo a unas cuantas calles de distancia, los servicios de emergencia y los reporteros de diferentes servicios noticiosos nacionales y extranjeros, son impotentes y mudos testigos de la masacre que, aunque no la han visto como tal, todos pueden imaginársela con base a los horrores experimentados en la ciudad en las últimas horas.

*****

Después del shock inicial causado por el sobresalto de la enorme explosión y de sentir la onda expansiva en sus cuerpos, Liliana, Fabis y Kath se vuelven instintivamente hacia la fuente del estruendo, justo en el momento en que se eleva la enorme bola de fuego hacia el firmamento. Todos en el lugar contemplan en silencio el panorama.

Las tres chicas permanecen inmóviles observando el desarrollo de la escena sin articular palabra. Reaccionan hasta que un ruido proveniente de la bóveda celeste las trae de vuelta a la objetividad del momento.

Se reanuda la lluvia de plomo sobre suelo mexicano, con sólo el sonido de las deflagraciones por encima del de la ciudad. Los cuerpos caen sobre el césped a la misma velocidad e indiferencia que el utilizado por las máquinas segadoras de trigo en los campos agrícolas de cosecha. La fecunda sangre de esos pobres desdichados servirá de abono para hacer crecer una nueva generación de árboles y arbustos.